Sacar la basura

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Los niños y los adultos aprenden de formas tan diferentes que tal vez pueden llegar a sorprender. Muy a menudo los padres creen que las explicaciones, los castigos y los recordatorios deberían funcionar pero, con mucho asombro se dan cuenta que no. Se aprende de formas muy diferentes, de manera muy personal y casi siempre sobre algo que nos interesa. La dificultad es que tal vez no sabemos lo que interesa o “fastidia” a los demás, porque nuestra visión de las cosas es subjetiva y depende principalmente de nuestro punto de vista. Erickson nos propone la estrategia que usó con su hijo y nosotros la encontramos tan interesante que hemos querido compartirla:

Sacar la basura”

Los niños tienen mala memoria, pero yo tengo muy buena memoria hacerlos recordar. Mi hijo Robert anunció un día: “Ya tengo edad suficiente y soy lo bastante grande y lo bastante fuerte como para sacar la basura todas las noches.” Le expresé mis dudas. El defendió vigorosamente su capacidad para este trámite. Le dije: “Está bien, el próximo lunes puedes comenzar”. Sacó la basura el lunes y el martes, pero el miércoles se olvidó. El jueves se lo recordé y la sacó, pero se olvidó el viernes y el sábado. Así pues, ese sábado le enseñé un montón de juegos en que había que desplegar gran actividad, muy cansados; los disfrutó enormemente. Luego, como favor especial, a la noche dejé que se quedara levantado tan tarde como quisiera. A la una de la mañana dijo: “Creo que ya tengo ganas de ir a la cama.” Lo dejé acostarse, por casualidad, me desperté a las tres de la mañana, y desperté a Robert para pedirle mis más sinceras disculpas por no haberle recordado que sacara la basura esa noche. ¿Podrías, por favor, vestirte y sacarla? Se vistió a regañadientes. Volví a disculparme por no habérselo recordado antes, y sacó la basura. Después se desvistió, se puso de vuelta el pijama y se metió en la cama. Me aseguré de que estuviera profundamente dormido, y lo desperté otra vez. En esta oportunidad mis disculpas fueron más abundantes que antes todavía. Le dije que no me explicaba cómo podía haber quedado ese montón de basura fuera del cubo en la cocina. ¿Podría vestirse y sacarla? Se vistió y la llevó al cubo que estaba en el porche. Volvió de allí meditabundo; al llegar a la puerta trasera de la casa dio media vuelta y fue a controlar si había dejado bien puesta la tapa del cubo. Después entró al pasar por la cocina y le echó una nueva mirada, antes de ir a su dormitorio. Yo seguía disculpándome. Se durmió nuevamente, y en lo sucesivo jamás se olvidó de sacar la basura. En verdad, Robert se acordaba tan bien de esta lección que cuando yo le mencioné que estaba escribiendo este relato; lanzó un reminiscente gruñido.

Milton Erickson, Mi voz irá contigo, Paidós Ibérica, 1991.

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